Según la Biblia, Pablo predicaba 'al Dios desconocido'.
Los romanos no solo tenían innumerables dioses, sino que también adoptaban de alguna manera los dioses de todos los pueblos que conquistaban.
Era una forma de tenerlos apaciguados y que no se rebelaran demasiado. A eso se le llama condescendencia.
Y una forma de admitir que no lo sabían todo. Y menos de los dioses.
Damos por hecho que es Dios quien se tiene que dar a conocer, quien se revela a una humanidad perdida y necesitada de guía. Pero podemos verlo desde otro punto de vista: desconocemos a Dios, pero también Dios nos desconoce.
¿quien da el primer paso?.
Convivimos en una ciudad, en un barrio con miles de personas las cuales no las conocemos; sabemos que estan ahí, e igual nosotros para ellos, pero nada más. Podemos incluso cruzarnos por la calle o coincidir en el super, pero eso no es 'conocimiento'.
En pocos segundos olvidamos su cara.
Y eso lleva cierta ventaja, puesto que conocer a una persona significa saber de sus defectos, sus carencias, sus momentos oscuros...y al no estar en ignorancia tomamos partido y lo juzgamos.
¿Quien conoce a Dios para que pueda juzgarlo?.
Nadie.
Y eso es una ventaja.
No conocer a Dios hace que lo intuyamos de forma muy personal, y así Dios se revela como un espejo: lo vemos tal y como somos nosotros.
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