viernes, 20 de mayo de 2016

EL NIÑO Y LA PELOTA






El bebé en la trona se reía divertido; el padre le daba una pelota pequeñita y el niño la cogía con sus dos manitas y mirando a tu papá la tiraba al suelo. Al verla rebotar se reía a carcajadas.
El padre hacía ver que se enfadaba, recogía la pelota y se la volvía a dar a su hijito.
Y éste otra vez la lanaba al suelo, como desafiando a su papá.
Y así durante mucho rato.
El pequeño reía divertido y el padre por supuesto que tambien.

Lo hemos visto muchas veces, incluso habrá quien lo haya vivido como experiencia propia.

Dicen los entendidos que es algo muy normal pues los bebes estan experimentando lo que pueden
hacer por sí mismos de lo que no pueden hacer.
Experimentan su 'yo' .
Un yo que se deferencia del de su padre, ese ser que para un niño es casi como un dios.
El padre lo sabe todo, lo puede todo y lo ve todo.
Pero aun así, el bebé quiere ser saber qué pasa con la pelota, quiere probar su poder.
No es que quiera desafiar malévolamente a su padre. El bebé no sabría hacerlo, el bebé se divierte, es
un acto espontáneo, de complicidad con el padre. Los dos se lo pasan bien, los dos se abren el uno al otro.

Si el padre se enfadara, o si el padre no le dejara tirar la pelota al suelo, le estaría negando la experiencia de la busqueda de su 'yo' de su autoafirmación, su personalidad.
Le estaría comunicando, sin querer, que no le está permitido esa complicidad o ese juego de poder.
Le resta la libertad de autodefinirse.
"No hagas esto. No te lo permito. No puedes. No sabes".
Normalmente eso no lo dicen los padres, sino que dejan al hijo que vaya descubriendo el mundo por sí mismo. Sólo estaran allí por si hay algun problema peligroso y muy serio que el niño no pueda superar en solitario.

Pero esa actitud de "No hagas eso. No te lo permito. No puedes. No sabes", no es exclusivo de los progenitores. Hay instituciones que se rigen por esa idea.
La organizacion de los Testigos de Jehová hace justo eso mismo: evita que sus adeptos experimenten su propio 'yo', su personalidad, su idiosincracia. Les quita el poder que cada ser humano tiene de desarrollarse libremente.

El bebé necesita de ese juego para desarrollarse y madurar, el saber hasta dónde puede llegar, sus límites.

La JW. no deja que el testigo se desarrolle en libertad. Y no sólo eso sino que le impone límites que ahogan su personalidad. Y ese adepto acaba por no saber pensar por si mismo, ni sabe de su potencial ni sabe siquiera si puede tener esa complicidad con Dios.
"No puedes. No sabes. No debes"...toman esas palabras como si fuera Dios mismo que se las dijera.
Y Dios, como Padre que entiende y sabe cómo funciona la mente de las persnas, no diría nada de eso.
Al contrario.
Dios quiere que experimentemos, que descubramos la vida, nuestro poder, nuestra personalidad.
Dios espera jugar con nosotros a ese juego divertido y emocionante que es el ir descubriendo la vida.