jueves, 30 de julio de 2015

EL MAGO



El mago hizo una gran reverancia agradeciendo los entusiasmados aplausos del público. Estaba muy satisfecho, como siempre, de haber ofrecido aquel espectaculos; sabía el impacto que tenían su arte delante de la gente. Su habilidad para adivinar las cartas, para hacer desaparecer a su ayudente, para sacar palomas dónde no tenía que haber nada....pero sobre todo la agilidad de sus manos cambiando cartas, flores y objetos pequeños, dejaban asombrados al público.
Era el mejor Mago que había pasado por aquel pequeño pueblo.
Una vez terminada la sesión, el Mago se retiró detrás de las grandes cortinas rojas, y la gente se fue yendo para sus casas comentando lo bien que lo habian pasado.
El Mago se sentó en su pequeño espacio y se quitó el gran sombrero; se miró al espejo que tenia delante y se sonrió “ sí, ha sido una gran noche” pensó.
La recaudación se repartiría entre las personas que organizaban las fiestas, el señor alcalde y él. No le llegaría a mucho, apenas para la de una semana y gasolina. Pero el Mago se conformaba con poco, casi se diría que vivía de ver las caras fascinadas de su público.
Empezaba a quitarse el maquillaje cuando se abrió la cortina y apareció una niña. El Mago la miró a través del espejo:
-Hola pequeña- le dijo sorprendido.
-¿Por qué te maquillas de blanco?- le preguntó sin saludar.
El Mago le sonrió:
-Porque soy un poco payaso, y los payasos se pintan la cara de blanco.
-Eso no es verdad, hay payasos que no se pintan la cara.-
El Mago señaló una silla y la envitó a sentarse.
-¿Cual juego te ha gustado más?- Estaba acostumbrado a los niños, muchos de ellos solían despues de las funciones, acercarse a él y preguntarle el cómo hacía desaparecer a la mujer, o cómo hacía para sacar una paloma de la chistera.
-Ninguno- contestó la niña.
Nunca antes le habían contestado eso; se giró hacia ella y la miró detenidamente:
-¿Por qué no te ha gustado?-
La niña se encogió de hombros:
-No sé.-
-¿Cuantos años tienes?-
-Once-
-Ya sé; crees que la paloma tendría que estar volando y no en el sombrero....¿es eso?-
-No- la niña miró a su alrededor buscando la paloma- ¿dónde está?-
-Mira en ese rincón de allí, y quita la sábana roja-
La niña se levantó y fue hacia donde le había dicho; allí retiró una especie de sabana y se encontró una jaula y la paloma acurrucada felizmente.
Volvió a sentarse al lado del Mago.
-¿quieres que te cuente cómo hago algun juego...?..Por ejemplo...mira, ¿ves ?...no tengo nada en mi mano....ni en esta ni en la otra....Pero....que veo aquí, detrás de tu oreja....a ver.... A ver.....¡¡Una moneda de oro...¡¡.-
-No es de oro- replicó la niña...
El Mago rió
-No por cierto...¡¡ con el oro no se juega...- guardó la moneda- ¿cómo te llamas?....
-Adivina-
- No soy adivino; soy mago- continuó mitandose el maquillaje mirandose en el espejo y mirando a través de él a la niña-
-Lucía-
-Bonito nombre-
Estuvieron unos minutos en silencio; Lucía lo miraba atentamente.
-¿No te espera nadie a cenar?- le preguntó el Mago.
Lucía negó con la cabeza.
-Alguien te esperará...-
-Sí, claro. Pero es pronto, cenamos cuando viene mi padre, y viene muy tarde. ¿Viajas solo?-
-Sí-
-Debe de ser muy aburrido-
-Tengo a mi paloma- sonrió.
-Pero no puedes hablar con ella-
-¿quien te ha dicho que no hablo con Dulce?-
-¿se llama Dulce?-
-Sí....Dulce como un pastel de crema....-
Sonrieron los dos.
-Es una tonteria, nadie habla con los animales.- dijo la niña.
El Mago dejó por un instante de desmaquillarse:
-Tienes mucho que aprender todavia.-
-No me interesa tus trucos...-
-¿Trucos?...-se giró en su silla y miró atentamente a la niña- ¿Trucos dices...?...No te habrás fijado bien, pero yo no hago trucos...
-Haces trucos, engañas a la gente-
El Mago se puso serio por primera vez.
-Explicame porqué crees eso de que engaño a las personas-
Lucía se quedó callada por unos segundos, buscando palabras para expresar lo que creía era un engaño-
-Sólo es un juego- le ayudó el Mago- las personas saben que no hay moneda en las orejas, saben que las cartas estan marcadas...¿verdad que lo saben?-
-Pero es un engaño- replicó la niña.
-Lucía, atiende bien, si ellos saben, no es un engaño. El engaño es si ellos creen que sí hay moneda en la oreja. Yo no engaño. Ellos se engañan a sí mismos si creen que es verdad que hago desaparecer a mi ayudante.¿ entiendes lo que te digo?-
Lucía no supo qué contestar.
-Es un juego.- siguió hablando el Mago- Les hago pasar un rato divertido donde olvidan sus problemas. Les hago felices.-
-Pero no lo son-
-Por unos momentos, sí lo son- sonrió el Mago- ¿Les has visto sus caras?..¿dirías que estaban tristes?-
-No-
-Ellos son felices cuando ven algo extraordinario que escapa a lo cotidiano, algo milagroso-
EL Mago no estaba seguro que Lucía le entendiera.
-¿comprendes lo que te digo?- le volvió a pregundar.
-Sí; pero les haces trucos y los trucos son mentiras-
El Mago respiró profundo, buscando las mejores palabras para explicarle a la niña:
-Es un juego, Lucía. Ellos son los que creen que es verdad o es mentira. Les ofrezco un rato de alegria, de distracción...y vuelven a sus hogares más dichosos.
La niña no dijo nada.
-Lucia...-continuó- Tú has venido a verme, tú has entrado a hablar conmigo y a preguntarme, tú quieres conocer mi juego, o mi truco como dices...tú no te has divertido como ellos, tú no te has sentido engañada..¿ verdad?-
Asintió con la cabeza.
-¿sabes que poca gente viene a verme al acabar la función?. Sólo quieren pasarlo bien y despreocuparse de sus problemas. Reir y disfrutar sin preguntarse nada. Y yo estoy aquí siempre, dispuesto a hablar con quien sea y de explicar mi trabajo. Pero nadie viene, excepto...los niños.
Vosotros, los que todavía tenéis esa chispita de inocencia. La gente común, la que no ve más allá del truco o del juego, esa ha perdido las ganas de conocer y de hacer preguntas. Solo quieren pasar la vida aunque le engañen.
Lucía se mordió los labios, la verdad es que no sabía qué decirle, pero la habia convencido.
-Es tarde y tengo que irme a casa- le dijo levantandose.
-Bien, no hagas esperar a tus padres-
Ya cerca de la salida, Lucía se giró:
-¿Puedo pedirte algo?-
-Por supuesto..¡¡-
-¿Me puedes regalar la moneda?-
-¿Ya sabes que no es de oro, verdad?-
-Sí. A mi no me engañas, y sé cómo haces el truco-
El Mago buscó la moneda que había guardado en una cajita y se la dió:
    -Recuerda que sólo tú decides si te engañan o no.-