viernes, 12 de junio de 2015

LA PORTADORA DE AGUA






Hace mucho tiempo, en un pueblecito perdido entre montaña, llegó un anciano de largas barbas blancas. 
El anciano venia de muy lejos y andaba mal trecho, cansado y hambriento.
Las gentes del lugar, al verlo llegar por el camino que discurría por medio del pueblo, iban cerrando las puertas y las ventanas, pues no estaban acostumbrados a extraños y tenían miedo de aquel hombre viejo que caminaba ayudandose de un baston y mal vestido.
El hombre, resuelto a todo no se detuvo y fue llamando una a una a todas las casas del pueblo.
-Dadme de bebed, por vuestra bondad, que vengo de muy lejos he caminado mucho y tengo mucha sed-
Pero no hubo forma; nadie le abrió la puerta.
El hombre, cansado, se recostó en un rincón de la plaza mayor, dónde no daba el sol. Desde allí vió cómo algunas personas pasaban de largo corriendo y no le hacían caso. Hasta los perros pasaban de largo.
Fue pasando el dia y el hombre cada vez estaba más agotado.
-Un poquito de agua por bondad...-
Nadie se la dió.
Ya cerca de la media noche, una niña que había estado vigilando desde una pequeña ventana, se acercó poco a poco.
El hombre sintió su presencia y levantó la vista...
-¿qué les pasa a esta gente..?- le preguntó a la niña.
-Tienen miedo- le contestó la niña sentandose a su lado.
-Yo no hago daño a nadie...-
-Pero desconfian de tí...-explicó la niña.
-¿Y tú no..?- sonrió el anciano.
La niña negó con la cabeza, ofreciendole un cuenco de madera.
EL hombre lo cogió con sus manos temblorosas y esperó a que la niña echara de una botella un agua transparente. Rápidamente se lo llevó a la boca y bebió largamente.
La niña sonreía mientras lo miraba.
Al acabar de beber el aniano le devolvió el cuenco.
-¿Cómo te llamas pequeña?-
-No tengo nombre...mis padres murieron sin ponerme nombre-
-Bueno.....y ¿como te llaman aquí..?-
-La niña del agua- sonrió divertida.
El anciano la miró extrañado: ¿Por qué? Le preguntó.
-Soy la que se encarga de bajar el agua de la fuente que esta en lo alto de la montaña-
Estuvieron hablando un buen rato, despues ya entrada la noche, la niña se despidó dándole un beso en la mejilla.
-Hace muchos años que nadie me daba un beso...-
-No te preocupes, siempre que quieras yo puedo dartelos...-
La niña le tendió la mano y le ayudó a levantarse.
-¿No te quedas esta noche?....hace frio y te puedes perder-
-No, niña del agua...., sé el camino de vuelta. Tengo buena memoria-el anciano rebuscó entre sus ropas hasta que de un bolsillo sacó una bolsa vieja y medio rota:
-Ten...- se la tendió a la niña- es un regalo para todos los que me han negado la ayuda...son semillas, repartelas entre todos, dales a cada uno una semilla...,que la cultiven con mucho cariño, que no le falte nunca agua....tú te encargarás de que no les falta el agua...Que la confianza que no han tenido conmigo que la tengan en esa semilla, y lo que necesiten les crecerá en ella.
Al poco rato la niña quedó sola en medio de la plaza.
Al dia siguiente la niña del agua fue repartiendo una semilla a cada habitante del pueblo explicandoles lo que el anciano le había dicho:
-Siembrala y cuidala y con el tiempo florecerá aquello que te falta...
les decía.
Al principio eran reacios, pero poco a poco todos los habitantes tuviero su macetita colgando de sus balcones.
Pero era temporada seca, y el rio bajaba con muy poco agua, insuficiente para todas las macetas. Asi que la niña del agua tenía que subir cada día montaña arriba hasta donde nacía el rio para llenar las pequeñas valijas de barro que cada vecina le daba.
Era un trabajo agotador, pues todos los dias tenía que cargar más de 10 botellas....y no sólo eso, sino que despues tenía que ir repartiendolas por todo el pueblo.
Pero poco a poco el esfuerzo dió sus frutos. Al cabo de unos meses de las macetitas empezaron a salir unos pequeños tallos....muy verdes, muy fuertes.
La niña del agua cada dia subia y bajada de la montaña....y de las semillas brotaron unas flores preciosas, hermosas que desprendian una fragancia extraordinaria...
Y un buen dia de primavera, se volvió a ver al anciano que caminaba contento mirando los balcones y las flores...
Al poco rato, todas las personas del pueblo lo rodeaban hablandole todas a la vez....le ofrecían de beber, comida y algun que otro beso en la mejilla....
De lejos se acercó corriendo la niña del agua....
Pasaron todos un dia muy agradable, contandose historias que casi habian olvidado...
Al anocher el anciano fue despidiendose de todos, dejando el ultimo abrazo para la niña...
-¿qué eran esas semillas?...- le preguntó
El anciano sonrió:
-Son semillas de la confianza. Indispensables para la vida.-

Y aquel mismo dia la niña decidió cambiarse de nombre: 
Se llamaría Confianza.