martes, 12 de noviembre de 2013

VALIÓ LA PENA













Dice la Biblia que mejor es el dia de la muerte que el dia en que uno nace.

Es duro ¿verdad?...porque no lo entendemos demasiado. Nacer es como una sorpresa, no sabemos qué será lo que nos depare la vida; puede ser bueno o no tan bueno. Y una vez viene la muerte, al menos esas dudas ya se han aclarado.

Pero , yo creo, que lo verdaderamente importante, lo que vale la pena de verdad, no es ni el nacimiento ni la muerte.
Es lo que va de una cosa a otra.
O sea lo que hacemos con ese regalo que nos da la vida.
¿qué hacemos con ella?.

Dicen que los que estan a punto de morir se arrepienten, sobre todo, de no haber vivido como ellos querian sino como otros le decian.
Suele pasar, ¿verdad?.
Tambien dicen que una de las cosas de las que se arrepienten es no haber dicho 'te quiero' a quien se debería haber dicho.
O sea....que nos llevamos para allá un monton de cosas....sin hacer y sin decir.
¿no deberíamos dejarlas todas aquí?.
¿Para qué ir cargados con ese peso tan grande?.

De nada sirve llevarle unas flores, o de rezarle una oracion, o de llorar unas lágrimas por esa persona que no puede vernos ni sentirnos.
Hemos llegado tarde...
Qué triste..¡¡...

Puestos que todos vamos para el mismo lugar, allá donde nada nos va a servir, pues al menos, vayamos ligeros de equipaje, como decía el poeta, y con la satisfaccion de que valió la pena vivir.

Lo demás....pues Dios dirá...¿ no?....






RETRATOS

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 

 
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario. 

 
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. 


Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

 
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía. 

 
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. 

 
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar

(Antonio Machado)